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La iglesia parroquial de San Pedro ad Víncula se encuentra en el Casco Histórico de Vallecas, uno de los dos barrios del distrito madrileño Villa de Vallecas, antiguo pueblo incorporado a Madrid en 1950, que encierra mucha historia y mucho arte. La advocación hace referencia a la liberación del apóstol San Pedro de la prisión por un ángel.

iglesia S.Pedro ad Vincula

Su fachada principal se asoma a la plaza Juan de Malasaña, dedicada al héroe de la Guerra de la Independencia nacido en Vallecas que fue bautizado en esta iglesia el 10 de febrero de 1759 como recuerda una lápida en el muro junto a la puerta de entrada. Padre de la más famosa Manuela Malasaña, murió en Madrid en 1811.

lapida

La iglesia es una joya, por su antigüedad, su arquitectura y por los tesoros que guarda en su interior. Fue construida en el siglo XVI sobre un templo anterior, probablemente mudéjar, del que se conservan algunos restos, sobre todo en el cuerpo inferior de la majestuosa torre.

torre

En el anexo del documento de Declaración de Bien Cultural publicado en el Boletín Oficial del Estado, que tuvo lugar en 1995 tras el informe favorable de la Real Academia de San Fernando, consta que “la primera noticia documental sobre su existencia se encuentra en el Libro de Visitaciones (Archivo de la Biblioteca Nacional), manuscrito de 1427, que describe una edificación de tres naves con muros de mampostería y pedernal, de estilo probablemente mudéjar, dada la presencia por entonces de un importante núcleo de población musulmana en Vallecas”.

“En 1565, según consta en documento notarial (Archivo Histórico de Protocolos; protocolo 403), se inicia la construcción del crucero de la nueva iglesia, cuyo primer proyecto se atribuye al arquitecto Juan de Herrera, según consta en documentos no originales depositados en el Archivo Municipal de Madrid. No hay datos que permitan asegurar que se efectuara el derribo total de la antigua iglesia para construir la nueva”.

O sea, que sobre ella, tras su derribo o tal vez reforma, debió construirse la estructura del conjunto actual. Como indican los documentos, su traza inicial se atribuye a Juan de Herrera, el gran arquitecto de Felipe II. La torre, de 1775, se atribuye a Ventura Rodríguez. A la base de ladrillo y mampostería se añadieron dos cuerpos más, uno para las campanas y otro con forma de chapitel de pizarra rematado con bola y una veleta.

Así, la iglesia hoy día es el resultado de diferentes épocas y etapas constructivas. Mudéjar, gótico, renacimiento, barroco, neoclasicismo.

Construido en mampostería con hiladas de ladrillo, el templo tiene dos entradas. La principal al oeste, en la plaza de Juan Malasaña, a los pies, a la que se llega tras subir la gran escalinata. La bella fachada está rematada por un singular frontón mixtilíneo.

fachada oeste

La portada de acceso es renacentista, realizada en granito, en arco de medio punto con columnas toscanas a ambos lados sobre las que se asienta un frontón curvo, en el que se halla un relieve que representa La Liberación de San Pedro, a su vez rematado por otro pequeño frontón triangular. Óculos, jarrones y otros adornos completan la decoración. Las puertas de madera con herrajes son una maravilla.

puerta

Al sur, en la calle de Sierra Gorda –antiguamente, calle de la Iglesia–, la segunda portada abierta por el lado de la Epístola en el siglo XVIII es neoclásica, de sillería. Nuevamente, en la parte superior, las armas de San Pedro.

entrada2

Caminando hacia la parte más alta del montículo donde hace siglos se construyó el templo, tomamos la calle de la Sierra de Encinares para rodear la cabecera y poder contemplar todo el conjunto hasta llegar a la calle del Archivo –así llamada desde al menos antes de 1870–, donde las capillas más modernas se unen a la base de la antigua torre.

calle archivo

Después de rodear la iglesia, nuevamente en la plaza, accedemos por fin al interior. Tiene tres naves, separadas por arcos de medio punto, cubierta la nave central con bóveda de cañón.

naves

Muchos de sus elementos son renacentistas, aunque conserva restos góticos, como la espléndida bóveda de crucería en la zona del crucero anterior al presbiterio.

cruceria

Las capillas fueron añadidas en el XVII. En el lado del Evangelio, tras la entrada a los pies, a la izquierda hallamos una capilla de decoración moderna pero que alberga una pila bautismal del siglo XVI, uno de los elementos más antiguos de la bella iglesia. La reja es del XVII; junto a ella un pozo antiquísimo.

pila bautismal

A continuación, la capilla del Cristo de la Salud; la del Nazareno, con cúpula sobre el crucero; y otra capilla con unas lápidas de 1667.

En el Altar Mayor se conserva la espléndida obra de Francisco Ricci, La liberación de San Pedro, pintado en 1669, óleo sobre lienzo de 5,75 x 3,80 metros.

altar ricci

Originalmente formaba parte de un gran retablo barroco –que sustituía a otro anterior–, obra de Pedro y Francisco de la Torre realizado entre los años 1669 y 1672, desaparecido durante la guerra civil. La guerra causó graves daños en el templo. El cuadro, junto a otras obras de esta iglesia y de otros lugares, fue salvado por las tropas republicanas que las entregaron a la Junta de Incautación del Tesoro Artístico Nacional. Todas ellas fueron inventariadas, fotografiadas por la Junta de Incautación de Madrid y depositadas en la Junta del Museo del Prado. Las fotografías se conservan en el Ministerio de Cultura, Fototeca del Patrimonio Histórico.

A ambos lados de la obra de Ricci se sitúan otras dos pinturas del siglo XVII, Santiago Matamoros de la Escuela Madrileña, y otra Liberación de San Pedro atribuida a Angelo Nardi.

En el lado de la Epístola, caminando hacia los pies, la escultura de Nuestra Señora del Rosario… Otra de las capillas está cerrada con otra reja de hierro forjado del XVII.

A ambos lados del crucero, existen dos antiguos vanos de puerta adintelados. A los pies, un coro alto desde el que se accede a la torre.

coro alto

A lo largo del tiempo la parroquia de San Pedro ad Víncula ha sido restaurada en varias ocasiones. Por Francisco Caballero hacia 1965. En 1995, como ya comentamos, fue declarada Bien de Interés Cultural, comenzando poco después las nuevas obras de restauración a cargo de José Miguel Ávila (1996-2004). En 2012 se acometieron las nuevas reformas y restauraciones, que continúan.

Junto al altar se encuentra la Capilla del Santísimo, antiguo Camarín de Nuestra Señora del Rosario, actualmente cerrada por dichas obras. En principio, conocer esta capilla fue el motivo de nuestra visita, así que tendremos que volver en cuanto sea posible. Como comentamos en su momento, está decorada con pinturas atribuidas a Juan Vicente de Ribera.

Recordemos que Ribera fue el autor de las pinturas de la cúpula de la Capilla de las Santas Formas en la antigua Iglesia del Colegio Máximo de la Compañía de Jesús, en Alcalá de Henares, entre otras obras. Según Natividad Galindo, que ha estudiado al pintor en profundidad, pudo ser el autor de la Cúpula de la Capilla del Sagrario en la iglesia de San Pedro ad Víncula, a finales del XVII, principios del XVIII.

La cúpula está decorada con alegorías marianas pues como ya hemos comentado en origen la capilla estaba dedicada a la Virgen del Rosario. Natividad Galindo describe las pinturas: “En los ocho gajos aparecen ángeles portadores de alegorías marianas y al pie de cada recuadro, dentro de unas barrocas tarjas que interrumpen el anillo, aparecen unas letras que, conjuntadas, forman la advocación de Nuestra Señora a la que estuvo dedicada la capilla: María del Rosario.”

Vallecas. Decoración de la bóveda de la capilla del lado de la Epístola adosada a la Mayor. Protegida por la Junta. 15 agosto 1937. Fototeca Mº Cultura.

Bóveda de la capilla adosada a la Mayor. Protegida por la Junta. 15 agosto 1937. Fototeca M. Cultura.

 

A primeros de año varios medios publicaron la noticia de que durante las obras de restauración que se llevaban a cabo habían aparecido restos de bóvedas y pinturas de la primera mitad del siglo XVII y que “en la actualidad se trabaja en la identificación del arquitecto y del autor de la decoración de esta primera capilla”, que fue ampliada a mediados de siglo siendo dividida en dos estancias, y posteriormente decorada; fue entonces cuando debió intervenir el pintor Ribera. También se ha hallado “un arco o ventana de conexión con la iglesia en estilo herreriano”. Todos estos hallazgos son muy importantes, quedamos a la espera de nuevas noticias y de poder visitar la sin duda valiosa capilla, ejemplo del primer barroco madrileño. Mientras, ha sido un placer conocer esta hermosa iglesia.

Salimos de nuevo a la plaza de Juan Malasaña para tomar el autobús de vuelta al centro de Madrid (otra posibilidad es la línea 1 del metro), con la intención de volver pronto a este histórico barrio y conocerlo mejor.

plaza de Manuel Malasaña

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

COAM. Guía de Arquitectura. Madrid 2003.
García Gutiérrez, P.F. y Martínez Carbajo, A.F. Iglesias de Madrid. Ed. La Librería 2006.
Díaz Fernández, A.J. “El retablo mayor de la parroquial de Vallecas (Madrid): una arquitectura desaparecida de Pedro y Francisco de la Torre (1672)”. Espacio, Tiempo y Forma, Hª del Arte, t. 17, 2004, págs.. 149-172”.
Aparisi Laporta, L.M. Toponimia madrileña. Ayuntamiento de Madrid 2001.

Y la web vallecastodocultura

 

 

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Juan Vicente de Ribera nació en Madrid hacia el año 1668, cuando Juan Carreño de Miranda, Francisco Ricci, Antonio de Pereda, Bartolomé Esteban Murillo y Claudio Coello, los grandes artistas del último barroco, dominaban la escena artística.

Formó parte de una generación de pintores que aún habiéndose formado en los talleres barrocos la mayor parte de su carrera transcurrió ya en el siglo XVIII. Cuando se instauró la dinastía borbónica tenía poco más de 30 años. Vivió el paso del reinado de Carlos II, el último Austria, al de Felipe V y los cambios que ello supuso en todos los terrenos, incluido el del arte.

En sus comienzos, con apenas dieciséis años, fue discípulo de Francisco Ricci. Desde ese momento, y durante dieciocho años, trabajó en la decoración de arquitecturas efímeras, sobre todo en las fiestas y representaciones teatrales que tenían lugar en el Buen Retiro. Se sabe que fue reclamado en varias ocasiones por Teodoro Ardemans, Maestro Mayor de Obras reales, con quien debía tener buena relación, así como con Pedro de Ribera. A lo largo de su vida también fue autor de pintura de caballete, de temática religiosa. Finalmente, destacó por sus pinturas al temple, faceta en la que se mostró heredero de las técnicas ilusionistas introducidas en España por Mitelli y Colonna.

Aunque en su época debió ser un artista valorado y bien situado, Juan Vicente de Ribera ha sido durante mucho tiempo un artista olvidado, por varios motivos: casi ignorado por los historiadores del arte del XVIII, se han conservado escasas obras suyas, y además fue víctima de un error.

Lacoonte

Alegoría del tiempo (J.V. de Ribera)

Hijo de Lorenza Fernández y Gabriel Jerónimo de Ribera, maestro tramoyista vinculado a las obras reales; tuvo dos hermanos, Juan de Dios, que fue tramoyista como su padre, y Teresa que se casó con Francisco de Peralta, con quien tuvo un hijo, Pedro de Peralta, que también fue pintor, discípulo de su tío.

Juan Vicente se casó con María Prieto, viuda de Juan de Zaldo. No tuvieron hijos pero María tenía una hija, María Zaldo, a la que Juan Vicente consideró siempre como propia. La familia vivía en la calle de las Huertas, muy cerca del Prado y del Buen Retiro.

Unos años después María, la hija, se casó con Pedro, el sobrino de Juan Vicente.

calle Huertas

En 1685, al morir el maestro Ricci, continuó su formación con Antonio Palomino con quien trabajó hasta aproximadamente 1700. Desde al menos un año antes ya había establecido sus primeros contactos con la Compañía de Jesús, a la que estuvo vinculado toda su vida y para la que realizó un buen número de obras.

Una de ellas, la que ha dado origen a la revisión de su obra y su recuperación a raíz de su restauración en 1994, fueron las pinturas de la cúpula de la Capilla de las Santas Formas, en la antigua Iglesia del Colegio Máximo de la Compañía de Jesús, en Alcalá de Henares. Anteriormente habían sido atribuidas a Juan Cano de Arévalo. Las obras sacaron a la luz la firma del autor, Juan Vicente de Ribera.

La iglesia había sido construida entre 1602 y 1625 junto al Colegio, el primero que establecieron los jesuitas en España.

iglesia fachada

Es un templo magnífico ejemplo del barroco de comienzos del siglo XVII. Su fachada está adornada con cuatro esculturas de Manuel Pereira.

San Pablo, de M.Pereira

San Pablo, de M. Pereira

La construcción de la Capilla comenzó alrededor de 1680 con el fin de albergar las Sagradas Formas que dicen se mantenían incorruptas desde 1597, hecho considerado milagroso desde que así lo declarase el Arzobispo de Toledo en 1620. Aunque tiene una entrada desde la iglesia por el lado del Evangelio, a través del Callejón de las Santas Formas abierto hace pocos años se puede acceder directamente a ella, ubicada a espaldas del templo.

callejon capilla

Callejón de las Santas Formas

capilla exterior

Fue inaugurada en 1687 aunque las espléndidas pinturas al temple de la cúpula son posteriores, de 1689 ó 1699. Además de la firma del autor, la restauración puso al descubierto la fecha, algo confusa la penúltima cifra al parecer­, siendo más probable la de 1689.

capilla santas formas

Capilla de las Santas Formas

El tambor está dividido en ocho espacios decorados por flores, angelitos, niños y diversos símbolos religiosos, separados por ocho pares de columnas fingidas pintadas de color azul.

cupula sagradas formas

La linterna, con falsas pilastras, y el cupulín, están igualmente divididos en ocho partes.

cupula columnas

Sobre las ventanas el artista dibujó frontones también imaginados. Toda la cúpula fue realizada utilizando el color (azul, oro…), la perspectiva y la ilusión óptica para dar una sensación de grandiosidad. Las figuras, símbolos y alegorías representadas en el conjunto de la cúpula muy complejas, han sido ampliamente descritas por los autores de los artículos citados en la bibliografía, Ismael Gutiérrez y Natividad Galindo.

Hoy día es la Parroquia de Santa María la Mayor desde que la primitiva, situada en la plaza de Cervantes, fuera destruida. Solo se conservan la torre, la capilla del Oidor, convertida en Sala de Exposiciones, y unas fotografías de las pinturas que decoraban los ábsides de la cabecera de la desaparecida iglesia realizadas por Moreno entre 1920 y 1930. También se conservan las ruinas de dichos ábsides.

ruinas abside

Pl. de Cervantes (Alcalá de Henares)

Estos murales fueron también atribuidos a Cano de Arévalo, aunque lo más probable es que fueron obra de Ribera, igualmente ayudado por Cano, como veremos.

La Asunción de la Virgen, en el ábside de la capilla mayor.

La Asunción de la Virgen, en el ábside de la capilla mayor. (Fototeca Patrimonio Histórico)

Las pinturas partían de una falsa barandilla en espléndido trampantojo, que continuaba en las pinturas de las naves laterales.

La Anunciación (nave del Evangelio)

La Anunciación (nave del Evangelio)

Adoración de los pastores (nave de la Epístola)

Adoración de los pastores (Epístola)

Uno de sus maestros, Antonio Palomino, en su libro El Museo pictórico y escala óptica no mencionó a Ribera, se cree que cumpliendo su norma de no incluir a pintores vivos. Pero sí incluyó a Juan Cano de Arévalo, que había muerto en 1696 antes de cumplir los 40 años.

Cuenta Palomino que Cano “pintó algunas obras en diferentes capillas como es en la de las Santas Formas del Colegio de la Compañía de Jesús de Alcalá de Henares en que ayudó a otro pintor de Madrid que fue a ejecutarla; y también en la pintura de la capilla mayor, y colaterales de la iglesia de Santa María de dicha ciudad”.

No nombra al otro pintor que sin duda era Ribera, a quien conocía sobradamente pues había sido su alumno y además trabajaron juntos durante mucho tiempo en el Buen Retiro.

Después Ceán Bermúdez en su famoso Diccionario histórico de los más ilustres profesores de bellas artes en España, sí dedicó un breve párrafo a Ribera, de quien decía era un “pintor acreditado en Madrid a principios del siglo XVIII. Por real cédula del año 1715 el consejo de Castilla le nombró tasador de pinturas”. Y añadía algunos datos sobre su obra:

“… Pintó las pechinas de la cúpula de la iglesia de San Felipe el Real; y dos cuadros al óleo sobre los arcos de las capillas en la iglesia de la Victoria, relativos a la vida de San Francisco de Paula. Y es de su mano el martirio de San Justo y Pastor colocado en la tesorería de la magistral de Alcalá de Henares, pintado con franqueza. Las demás obras de Ribera están en las casas particulares y conventos de Madrid.”

Pero, en referencia a Cano, afirmaba que “pintó al temple la capilla de las santas Formas del colegio de los jesuitas de Alcalá”. Nada más. Omitió lo más importante, que había ayudado a otro pintor, el que fue a ejecutarla.

Así se originó el equívoco arrastrado durante dos siglos y el olvido del pintor Juan Vicente de Ribera, verdadero autor de la obra, aunque ayudado en su ejecución por Juan Cano de Arévalo.

Según Galindo, habría un tercer grupo de pinturas al temple realizadas por Juan Vicente para los jesuitas en Alcalá, las de la Capilla de San Ignacio a los pies de la iglesia del Hospital de Antezana, que no pudimos visitar pues actualmente está en obras.

A Ribera y su taller también se le atribuye la decoración de la capilla de la Inmaculada Concepción de la Iglesia parroquial de Navalcarnero. Y en Vallecas pudo ser el autor de la Cúpula de la Capilla del Sagrario en la iglesia de San Pedro ad Víncula.

En cuanto a la pintura de caballete, hacia 1691 realizó dos cuadros sobre San Francisco de Paula que estuvieron en la iglesia del Convento de la Victoria. Después pasaron al Museo del Prado y actualmente ambas se encuentran en depósito en la Catedral y Museo de Ciudad Real.

En Madrid son escasas las obras que se conservan. En 1722 realizó el dibujo San Antonio de Padua en una hornacina, que estuvo en el alta mayor del Convento de Capuchinos de San Antonio del Prado, derribado a finales del siglo XIX. Hoy pertenece al Museo del Prado. Lamentablemente no está expuesto.

Museo del Prado

San Antonio de Padua (Museo del Prado)

Parece ser que el palacio Arzobispal posee otras dos obras del autor de hacia 1724 dedicadas a la vida de San Pedro mártir.

Sí podemos admirar, quizá la única obra a la vista del público en Madrid, a los pies de la bella iglesia de San Nicolás de los Servitas un pequeño retablo la Huida a Egipto, considerado Anónimo del siglo XVII. En el templo no disponen de documentos sobre esta pintura que es posible llegara aquí procedente de la iglesia del Salvador.

Según la especialista Natividad Galindo, sin duda se trata de una obra de Juan Vicente de Ribera.

Huida a Egipto (en San Nicolás)

Huida a Egipto (Iglesia de San Nicolás)

Solo recientemente los historiadores han comenzado a valorar a este olvidado artista. Aún existen dudas respecto a algunas de sus posibles obras que ojalá los expertos continúen estudiando y aclaren, y este pintor madrileño alcance el reconocimiento que se le ha negado durante tanto tiempo.

Se conocen detalles de su vida gracias a los documentos redactados por él mismo, su testamento y un Memorial que presentó en 1703 solicitando la plaza de Pintor del Rey (que había dejado vacante Isidoro Arredondo). Enumeraba sus trabajos para el rey en las decoraciones del Buen Retiro y sus otras obras, entre ellas las que había realizado para la Compañía de Jesús, incluida la decoración de la capilla de las Santas Formas. Y hablaba de sus maestros, Ricci, Palomino, y el propio Arredondo. La plaza no se le concedió.

En la calle de las Huertas tenía su vivienda, y su taller, cuyos útiles legó a su sobrino Pedro de Peralta.

Huertas 66

Calle Huertas, 66.

Murió el 27 de diciembre de 1736, a la edad de sesenta y ocho años, y así consta en el archivo de la Parroquia de San Sebastián donde fue enterrado. Cerca de cuatro años después murió su mujer quedando como heredera su hija María.

En la Planimetría General de Madrid, que describe el Madrid de la segunda mitad del siglo XVIII, figura como propietario de la casa Pedro de Peralta, que recordemos estaba casado con María.

El edificio ya no existe, sabemos que debió ser la Casa nº 14, la mayor de la Manzana 245, actual nº 66 levantado en 1884, pero la calle, corazón del barrio de las Letras o de las Musas, aún conserva el sabor y el recuerdo de lo que pudo ser en aquellos años en que Juan Vicente y su familia, y tantos otros artistas, lo habitaban.

Por Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Antonio Palomino. El Museo pictórico y escala óptica. Madrid 1797.
Ceán Bermúdez. Diccionario histórico de los más ilustres profesores de bellas artes en España. Madrid 1800.
Ismael Gutiérrez Pastor. Juan Vicente de Ribera, pintor (Madrid c.1668-1736). Aproximación a su vida y su obra. Anuario Dpto. Hª y Teoria del Arte, UAM. Vol.VI, 1994.
Natividad Galindo. El pintor madrileño Juan Vicente de Ribera. Boletín del Museo del Prado. Vol XV, nº 33, Madrid 1994.
Matías Fernández García. Parroquia madrileña de San Sebastián: algunos personajes de su archivo. Caparrós editores. Madrid 1995.
VVAA.La antigua Iglesia del Colegio Máximo de la Compañía de Jesús en Alcalá de Henares, actual Parroquia de Santa María. D.Gral. Patrimonio Histórico Artístico Diócesis Alcalá de Henares, 2001.

Juan Carreño de Miranda nació en 1614 en Asturias, probablemente el 25 de marzo en Avilés, hoy hace trescientos noventa y nueve años. Siendo aún casi un niño, con once años llegó a la Villa y Corte, donde viviría toda su vida y desarrollaría su arte.

Por entonces -estamos en 1625- Velázquez ya estaba instalado en Madrid con su familia, ya era pintor real y ocupaba un taller en el Alcázar. Diego Velázquez tuvo un papel de gran importancia en la historia de Carreño, para bien y para mal. Debieron tener una cierta relación y su pintura tuvo una gran influencia sobre él, como sobre tantos artistas, pero también provocó que durante mucho tiempo se mantuviera oculto bajo su sombra. Los neoclásicos “enterraron” a casi todos los pintores barrocos posteriores a Velázquez, identificando la decadencia política de los Austrias con una decadencia artística.

Carreño formó parte de una generación posterior a la de Velázquez, la de Francisco Ricci, Antonio de Pereda y Bartolomé Esteban Murillo entre otros, grupo de pintores del último barroco madrileño, que, como dice Javier Portús, reflejaron aquel Madrid cosmopolita de la segunda mitad del Siglo de Oro. Estos artistas tuvieron acceso a las grandes obras de las colecciones reales, a la escuela veneciana y flamenca, al naturalismo de Caravaggio… y crearon un nuevo lenguaje, el de la escuela barroca madrileña de la que Carreño fue uno de sus más importantes representantes.

“Juan Carreño de Miranda”, según Cean Bermúdez, que reproduce este grabado de Palomino, autorretrato del pintor, propiedad del Marqués de Salamanca (colección BNE).

En Madrid ningún monumento ni calle le recuerda (sí en su tierra natal), pero es posible conocer su pintura paseando por el interior de algunas iglesias, que guardan tantos tesoros, y nuestros museos.

Igual que otros componentes de su generación se formó con Pedro de las Cuevas. En su primera etapa, hasta 1658, realizó sobre todo obras de temática religiosa. A partir de entonces su carrera transcurrió en la Corte, en la que desempeñó varios cargos.

Velázquez, como sabemos, además de adquirir los vaciados de esculturas clásicas, durante su segundo viaje a Italia (entre noviembre 1648 y junio 1651), contactó con los mejores especialistas italianos en pintura al fresco Agostino Mitelli y Michele Angelo Colonna, que viajaron a Madrid para trabajar al servicio de Felipe IV. Estos prestigiosos artistas llegaron a Madrid ese mismo año. Ejercieron una gran influencia sobre los pintores del barroco madrileño, introduciendo las técnicas de las perspectivas fingidas para bóvedas y muros, que ellos dominaban, y que imitaban espacios arquitectónicos.

Francisco Ricci y Juan Carreño fueron los que mejor recogieron sus enseñanzas que plasmaron en los muros de algunos templos, por ejemplo en el camarín de la iglesia de Nuestra Señora de Atocha, y en otros lugares reales, casi todo desaparecido.

En una de las más bellas iglesias de Madrid, San Antonio de los Alemanes, se conservan las impresionantes e inolvidables pinturas de la bóveda que ambos crearon en 1662 según bocetos de Mitelli y Colonna. La parte central que representa a San Antonio de Padua en la Gloria es obra de Carreño.

San Antonio de los Alemanes

San Antonio de los Alemanes

Entre 1663 y 1668 realizó un cuadro para la capilla de San Isidro en la iglesia de San Andrés, hoy día desaparecido, que representaba el milagro de la fuente. En el siglo XVIII se hizo una copia en relieve, instalada en la parte superior de la Fuente de San Isidro.

Fuente de San Isidro (foto: monumentamadrid)

Fuente de San Isidro (foto: monumentamadrid)

La vida y obra de ambos pintores, Ricci y Carreño, que nacieron el mismo año, fueron paralelas, fueron amigos y juntos crearon numerosas y maravillosas obras tanto frescos como de altar.

En 1669 Carreño fue nombrado Ayuda de Furriera, un oficio de la Casa Real a cuyo cargo estaban las llaves, muebles y enseres de Palacio, su limpieza y la de las habitaciones. Dos años después, tras la muerte de Sebastián Herrera Barnuevo, Pintor de Cámara, Carreño heredó el cargo, al que también aspiraba Ricci. A partir de entonces su relación se estropeó y la amistad entre ambos artistas se rompió. Pero su pintura les mantiene unidos para siempre.

En la iglesia de Santiago, en el crucero, lado de la Epístola se encuentra el “Bautismo de Cristo” de Carreño. Este cuadro originalmente estuvo en la derribada iglesia de San Juan, en la cercana plaza de Ramales.

Santiago2

En el Altar Mayor está situada la gran obra de Francisco Ricci (1657), “Santiago en la batalla de Clavijo” (Carreño también realizó su Batalla de Clavijo, pero esta se encuentra en el Museo de Budapest).

Continuando nuestro paseo por las iglesias madrileñas en busca de las pinturas de Juan Carreño llegamos a San Ginés donde se encuentra una luminosa Sagrada Familia.

Como ya vimos, en los Jerónimos se halla una pintura propiedad del Museo del Prado, Santa Ana enseñando a leer a la Virgen, de 1674, firmada como Pintor del rey.

Los últimos quince años de su vida pintó sobre todo retratos. Fue el pintor de la reina Mariana de Austria, segunda esposa de Felipe IV (fallecido en 1665) y de su hijo Carlos II, de quienes realizó numerosos retratos que muestran la evolución de ambos. Algunos de ellos se encuentran en el Museo del Prado.

El retrato de La reina Mariana de Austria (h. 1670), procedente del Monasterio de El Escorial.

El retrato de La reina Mariana de Austria (h. 1670) (Museo del Prado)

El escenario de este cuadro es el Salón de los Espejos del Alcázar. De este retrato hay una versión muy parecida en el Museo de Bellas Artes de San Fernando.

En el mismo Salón -se reconocen los espejos del fondo junto con la mesa sostenida por los leones de bronce que hoy se encuentran en el Palacio Real-, tres años después pintó el retrato de Carlos II cuando tenía unos 12 años.

1673 Carlos II

Carlos II (1673) (Museo del Prado)

La influencia velazqueña es notable, utilizando el recurso de la representación del espacio reconocible, la estancia real, además de la figura retratada, incluso el espejo, como hiciera el gran pintor en Las Meninas.

Además del Prado y la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando también conservan obras suyas el Museo Lázaro Galdiano y Museo del Romanticismo.

Juan Carreño de Miranda murió en 1685 a la edad de 72 años, en Madrid.

Después de largo tiempo olvidado, felizmente se ha recuperado su figura y su obra de gran calidad y riqueza, la de un pintor del Barroco madrileño.

Por Mercedes Gómez

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ACTUALIZACIÓN 28.3.2013

Existe otra pintura atribuida a Juan Carreño en la iglesia de Nuestra Señora de las Maravillas y de los Santos Justo y Pastor, en la calle del Dos de Mayo.

Sobre un altar en el lado del Evangelio, hay un Cristo de la Luz, del XVIII. A su derecha se encuentra el Martirio de San Sebastián. A la izquierda otro cuadro del XVII, de Pereda, el Niño de las Calaveras. Ambas podrían proceder del antiguo templo de San Miguel de los Octoes.

Carreño san sebastian

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Fuentes:

Conferencia de Javier Portús, Juan Carreño de Miranda y el crepúsculo de los Austrias, Museo del Prado, 8 enero 2013.

Museo del Prado

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