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Una de las exposiciones recientemente inauguradas en el Museo del Prado es una pequeña y original muestra titulada Los trípticos cerrados. De grisalla a color.
En un bello e inesperado lugar, en la Galería norte de la planta baja del Edificio Villanueva iluminada por la luz natural que llega del Paseo del Prado, se han instalado las fotografías de varios trípticos cerrados cuyos originales abiertos se pueden contemplar en su emplazamiento habitual, en las cercanas salas dedicadas a la pintura de la Escuela Flamenca.
Son nueve óleos sobre tabla de los siglos XV y XVI, nueve trípticos de los que normalmente no se pueden ver las imágenes pintadas sobre el reverso de las puertas que los cierran.
En estas puertas los primeros pintores flamencos como Robert Campin comenzaron a utilizar las grisallas o pinturas monocromas que emplean únicamente la gama de los grises, para simular esculturas de piedra ubicadas en marcos arquitectónicos.
Luego algunos pintores introdujeron el color, entre ellos El Bosco, en La Misa de San Gregorio. Puertas exteriores de La adoración de los Magos, de 1505, donde utiliza una semi-grisalla. En esta obra el gran artista también utilizó la técnica del trampantojo, pintando un marco falso junto al verdadero con el fin de atraer más la atención sobre la escena.
Pierre Pourbus el Viejo en su Tríptico de los santos Juanes, pintado en 1549, en el exterior de las puertas nos muestra a San Pedro y San Pablo. En este caso las figuras están situadas sobre el zócalo de una estructura de madera con desperfectos que parece real. Los pies de los apóstoles se salen del cuadro… El pintor recurre al engaño visual para conseguir mejor el efecto de ilusión deseado.
Salimos del museo y paseando por las calles de Madrid comprobamos cómo este recurso tan antiguo, que alcanzó su esplendor en el siglo XVII, continúa siendo utilizado en el siglo XXI con el mismo objetivo de engañar, siempre con buena intención, la de mejorar la imagen ofrecida.
Desde hace unos años los edificios madrileños deben ser revisados cada cierto tiempo y los propietarios están obligados a reparar y reformar todo lo que sea necesario para mantener su buena salud. En algunos casos, los vecinos de las viviendas en lugar de limitarse a limpiar o pintar sus fachadas las adornan con decoraciones realmente bonitas. Uno de los medios utilizados es la pintura al trampantojo.
En la mágica calle del Espejo, una de las más antiguas de la Villa, que fue ronda interior de la muralla medieval, uno de sus edificios ha sido decorado con esmero. Aunque lamentablemente ya muestra las huellas de los que se dedican a ensuciar y pintarrajear las casas ajenas.
Sobre los fuertes sillares de piedra que lo sustentan otros más pequeños componen sus muros, pero resultan ser falsos… aunque son tan perfectos que hay que tocarlos para cerciorarse de que son pintados.
Como los que conforman la esquina del edificio, dibujados fingiendo el sólido granito.
Además, varios balcones imaginarios se abren a la calle del Lazo con sus rejas pintadas que se confunden con las de los balcones auténticos.
Por Mercedes Gómez
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Otros artículos:
Trampantojos en Madrid.
Antonio de Pereda. Bodegón. 1652.
Murillo. Autorretrato. 1670.
Coello y Donoso. Salón Real de la Casa de la Panadería. 1672-74.
El Trampantojo de Juan Muñoz. 1994.
Como decíamos al final del artículo dedicado a los Trampantojos en Madrid, los ejemplos son interminables, las calles y los museos están llenos de sorpresas que nos proponen este juego ilusionista, puedes encontrarlos en los lugares y momentos más insospechados.
Una de las últimas que he disfrutado ha sido perfecta, el engaño, la trampa a mis ojos, se produjo; no estuve segura de que no se trataba de unas verdaderas cortinas hasta que no me acerqué y pude comprobar que eran falsas.

En una de las salas de la exposición Juan Muñoz. Retrospectiva, en el Museo Reina Sofía, en la que se encuentra la obra “Enano con tres columnas”, dos de las paredes están adornadas por unas enormes ¿cortinas?, una de ellas se abre sugerente y pide que te acerques a mirar qué hay detrás, olvidando la escultura en principio protagonista, situada en la otra esquina. Pero tras las cortinas no hay nada, únicamente el muro, se trata de una ilusión visual, una pintura, las Cortinas de la “Naturaleza de la Ilusión Visual” (Curtains from the “Nature of Visual Illusion“).
Pintura acrílica sobre lienzo, realizada en 1994, sus dimensiones son variables según el montaje. Pertenece a una colección particular, aunque se encuentra en depósito en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona, el MACBA.
Juan Muñoz es conocido sobre todo por sus increíbles esculturas, por eso quizá resulta inesperado el trampantojo, pero, como muchos grandes artistas, fue un hombre polifacético, lleno de imaginación. Su arte abarca la pintura, el dibujo, incluso el sonido, utilizado en sus famosas piezas radiofónicas. Ilustró textos, y él mismo escribió. Todo ello lo podemos encontrar en la exposición.
Y como buen artista total no fue ajeno a las arquitecturas barrocas, los suelos con formas geométricas forman parte de algunas de sus obras. Y, cómo no, también las ilusiones ópticas.
por Mercedes Gómez
Una de las formas más antiguas de adornos en las fachadas de los edificios son los adornos escultóricos, como por ejemplo la representación de escudos, animales, ninfas, dioses…. Quizá el escudo de Madrid más remoto conservado sea el de la Casa del Pastor, del siglo XVII, que pervive instalado en una casa moderna obra del arquitecto Francisco de Asís Cabrero, construida en 1987 sobre la antigua, en la calle de Segovia:

Majestuosas son en muchos casos las esculturas que coronan algunas azoteas, dibujándose sobre el azul del cielo madrileño.

... desde el Círculo de Bellas Artes
Otra técnica de ornamentación muy antigua es el esgrafiado, mediante la realización de incisiones en los muros. Un ejemplo lo encontramos en el Cine Doré, precioso edificio construido en 1923, actual sede de la Filmoteca Española, en la calle Santa Isabel. El estarcido, pintura mediante plantilla, también es una técnica antigua que puede contemplarse en muchos edificios, y que, por cierto, luego sería adoptada por los grafiteros.

La cerámica es otro recurso tradicional en Madrid, aplicado a la arquitectura. Lo encontramos en las fachadas de muchas construcciones, algunas monumentales, y en muchos comercios, en tabernas, farmacias, peluquerías, en antiguas hueverías convertidas en bares…

Calle de San Vicente
A finales del siglo XIX o principios del XX, algunos arquitectos utilizaron azulejos en las fachadas. De Ricardo Velázquez Bosco –que trabajó con Daniel Zuloaga- son el Palacio de Cristal y el Palacio de Velázquez en el Retiro, ambos con numerosos y delicados detalles cerámicos.

Palacio de Velázquez (detalle)
Algún tiempo después comenzó a utilizarse en las tiendas, a modo de reclamo publicitario. Un precedente de la decoración con azulejos en las tiendas fueron las tablas de madera pintadas, típicas del comercio que se desarrolló entre los años 1880 y 1930. Aunque en su interior todo haya cambiado, aún existen muchos locales con las antiguas portadas de madera, alguno de ellos quizá rememore aquellas antiguas tiendas, como esta librería de la calle de La Palma:

En Madrid trabajaron grandes ceramistas y pintores, sobre todo procedentes de Andalucía, desde los comienzos del siglo XX. Enrique Guijo, entre los primeros, y Alfonso Romero Mesa entre los segundos, quizá fueron los más influyentes en la arquitectura madrileña, permaneciendo sus firmas en muchos lugares de Madrid. Aunque también quedan bonitos restos al estilo de Manises, como en la Taberna Dolores, firmados por Valcárcel en 1928.
Después de 1939 la azulejería desapareció, se eliminaron estos elementos de las fachadas, y las tiendas comenzaron a sufrir un impuesto sobre publicidad exterior, de forma que muchas de las portadas se taparon con pintura. Años después muchas de ellas se recuperaron.

Farmacia calle de San Andrés
Son variadas las formas en que la cerámica puede ser utilizada, como en esta fuente en un pequeño jardín en la plaza del Marqués de Corbera, en que las teselas, o pequeños trozos de cerámica son irregulares:

También en el Retiro encontramos uno de los más curiosos murales. A la entrada, por la Puerta de la Independencia, poco antes de llegar a la fuente de los Galápagos, las paredes de la casita del Teatro de Títeres están adornadas por unas enredaderas llenas de plantas, lo cual no debería sorprender en un jardín, pero al acercarnos se puede comprobar que son falsas, se trata de azulejos decorados al trampantojo.

Teatro de Títeres
Incluso la antiquísima técnica de la vidriera se puede observar en algunos portales antiguos, o no tan antiguos ventanales madrileños, como en este café de la calle de Alcalá:

Y la pintura por supuesto. Los artistas comenzaron a pintar sobre paredes mucho antes que sobre tablas o telas. Desde la pintura prehistórica hasta las modernas pinturas que hoy día adornan la ciudad, la historia es larga.
La Posada del Peine, en la calle de Postas, cuyo origen se remonta al siglo XVII, luce esplendorosa las recientemente restauradas pinturas, así como los azulejos, del actual edificio construido en el siglo XIX. La Casita del Pescador en el Retiro, uno de los “Caprichos” creados por Fernando VII después de la Guerra de la Independencia. O la Casa de la Panadería en la Plaza Mayor, cuya fachada siempre estuvo adornada por pinturas. Las actuales son obra de Carlos Franco y fueron realizadas en 1992.
Desde comercios tradicionales hasta modernos locales en los que jóvenes artistas o grafiteros ofrecen su aportación al muralismo urbano.

Calle Marqués Viudo de Pontejos nº 5 (pintura sobre espejo)

Garaje en la Calle de San Andrés
Un ejemplo reciente y -como muchas veces las cosas nuevas- discutido, lo encontramos en la calle de Campoamor en que los dibujos de Jack Babiloni han pasado a decorar uno de los señoriales edificios de esa zona de Madrid:

por Mercedes Gómez
Continuará…
El Convento de las Comendadoras de Santiago esconde, además del gran patio central, otros seis patios más pequeños, como se puede apreciar en el detallado plano de Ibáñez de Ibero realizado hacia 1875:

Uno de estos patios se encuentra junto a la Sacristía de los Caballeros, y también se encontraba en muy mal estado. Es el hoy conocido como Patio de Moradillo.
Al igual que en la Sacristía, los trabajos de restauración han permitido recuperar las pinturas murales primitivas. El deteriorado estado en que se encontraba el pequeño patio se puede apreciar en los paneles explicativos de las distintas fases acometidas por los restauradores que nos mostraron durante la visita.

Antes

Después
En la decoración primitiva del patio se utilizaron los mismos colores que en el interior, como podemos observar en las fotografías. E igualmente se recurrió al trampantojo, veamos el delicado pañuelito tendido en una de las falsas ventanas.

La antigua fuente de piedra también ha sido recuperada.

La restauración del convento y algunas de las maravillosas obras de arte que encierra, continúa. Como la del lienzo del gran pintor barroco Lucas Jordán, el Santiago Apóstol en la Batalla de Clavijo, del siglo XVII, que esperemos pronto volverá a su lugar, el altar de la Iglesia, si es que no lo ha hecho ya.
Para comprobarlo, parece necesaria una visita a la iglesia de las Comendadoras de Santiago, en cuyo interior a veces el tiempo parece haberse detenido.
Texto y fotografías por : Mercedes Gómez












































































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